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Noticias de Eduardo de Haza ss.cc.



30 de Julio de 2013
Redacción
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En el blog de los Sagrados Corazones de Filipinas acaba de aparecer esta entrevista en la que se nos da una información detallada de la vida de nuestro hermano Edu de Haza ss.cc. en Filipinas. La foto que encabeza la información refleja muy bien su inculturación. Agradecemos mucho al blog “Araw-Araw” y a Enrique Moreno Laval ss.cc. este artículo.


“Lo que hay detrás de las sonrisas, lo vas descubriendo poco a poco…”. Es una de las constataciones que hace de Filipinas nuestro hermano Eduardo de Haza (40), religioso español SSCC, con más de 20 años en la congregación y 14 de ministerio sacerdotal. Está entre nosotros desde el 11 de diciembre pasado; cumplirá en agosto 8 meses viviendo en el sector de Bagong Silang, donde nuestra congregación atiende la parroquia de La Resurrección del Señor.

Eduardo –o simplemente Edu– nació en Legazpia, un municipio en la provincia costera de Guipúzcoa, en el País Vasco, en el norte de España, pero sus padres proceden de Talayuela, en Extremadura, donde los hermanos SSCC tuvieron a su cargo la parroquia del pueblo durante muchos años. Las hermanas todavía están allí. A los 8 años de edad, Edu volvió a Talayuela con su familia y la dejó tan solo para ingresar al pre-noviciado SSCC.

Conversamos con Edu (después que se bajó del árbol, ver foto) en el día domingo 28 de julio, cuando la parroquia de Bagong Silang celebraba sus 15 años de vida. Poco a poco nos va contado o insinuando aquello que está “detrás de las sonrisas”. Pero, antes de eso:

¿Cuál ha sido tu trayectoria pastoral desde que recibiste el presbiterado?

Ya antes de mi ordenación, en 1998, fui destinado al Colegio Padre Damián SSCC de Barcelona, donde permanecí 14 años, hasta que vine a Bagong Silang. En el colegio me dediqué fundamentalmente a la pastoral, especialmente al acompañamiento personal de profesores, alumnos y familias, organización de los grupos de catequesis y acción social, celebración de los sacramentos; también daba algunas clases… La pastoral escolar la combinaba con mi implicación en Llar Trobada, un hogar para jóvenes sin familia ni recursos que la congregación ha mantenido a lo largo de más de 20 años, y que sigue acogiendo en la actualidad a un grupo de muchachos, especialmente inmigrantes. Durante ese tiempo también estuve implicado en la pastoral juvenil vocacional de la provincia.

¿Y cómo se origina esta idea de interrumpir tu trabajo en el colegio de Barcelona y venirte a Filipinas?

El deseo de compartir la misión SSCC en otros países y culturas, especialmente en un contexto de pobreza y exclusión, ha acompañado siempre mi vocación. Seguramente por la importancia de la figura del Padre Damián en mi trayectoria personal y vocacional, y también por el testimonio de nuestros hermanos y hermanas. En varias ocasiones hablé con distintos provinciales sobre la posibilidad de formar parte de alguna de nuestras comunidades de Asia, de acuerdo con esa inquietud, aunque entonces no contemplaba yo la posibilidad de venir a Filipinas. Hace cosa de año y medio empezamos a hablar con el P. Enrique Losada, mi actual provincial, sobre la presencia en Bagong Silang; se realizaron las gestiones necesarias y empecé a prepararme para incorporarme a esta comunidad. Mi contrato acaba el año que viene, en 2014, en los meses de junio o julio… Después, Dios dirá.

¿En qué consiste tu trabajo en Bagong Silang?

Como sabes, en Bagong Silang, los hermanos y hermanas tenemos un proyecto común, atendiendo la parroquia y el Centro San Damián, especialmente dedicado a nuestros proyectos de carácter social. Estos meses me han servido para conocer la realidad y los distintos ministerios y proyectos de la comunidad; así he ido situándome poco a poco. Fundamentalmente me dedico al trabajo con los jóvenes, atendiendo la pastoral juvenil, la pastoral sacramental, y ahora pertenezco también al equipo de pastoral social; suelo acompañar a una de las responsables de nuestros proyectos sociales, visitando familias, detectando situaciones de extrema necesidad y diseñando estrategias de ayuda según los casos.

En estos casi 8 meses, ¿qué es lo que más te ha impresionado de tu experiencia en Filipinas?

Resulta difícil responder esta cuestión, porque son tantas las sensaciones, las experiencias, y de tanta intensidad... En un sentido congregacional, creo que lo más importante para mí es el descubrimiento real de lo que significa la “internacionalidad”, como una gran riqueza y un gran desafío también; como experiencia que incluye todos los sentidos, que abre horizontes nuevos, que invita al crecimiento vocacional y a la hondura religiosa. A veces es un camino difícil, pero la gratitud es siempre mayor. En cuanto a la relación con la gente, lo que más continúa impresionándome es la extrema necesidad en la que viven aquí muchas personas, para quienes la vida es una lucha, en muchas ocasiones terriblemente cruel, donde pueden avistarse historias de gran dolor y también experiencias de auténtica fe y del mayor amor.

¿Cómo te ha ido con el tagalog, la lengua oficial filipina?

La lengua es, sin duda, uno de los mayores desafíos de la internacionalidad. Los comienzos fueron difíciles; como sabes, el inglés te permite sobrevivir aquí (pero mi nivel de inglés es el que es), pero el tagalog es la lengua de la gente, la lengua en la que expresan sentimientos, alegrías y tristezas, miedos y fe. Al principio estudié de manera más ordenada; luego llegó el verano y ahora tengo que volver a coger el ritmo. Estoy mirando posibilidades que no supongan ir cada semana a Manila, porque ya sabes que hay dos cosas que me cuestan mucho, las reuniones y los viajes. De todas formas, me voy sintiendo más suelto y más seguro también; celebro la Eucaristía en tagalog, y me ayudan a traducir la homilía previamente. Por otro lado, los jóvenes son mis mejores maestros.

Y a propósito, ¿cómo aprecias la situación de los niños y jóvenes que vas conociendo en Bagon Silang?

Difícil, muy difícil… Y el futuro, incierto. Las familias son, por lo general, muy grandes; el área está enormemente superpoblada. En muchos casos, las familias enteras carecen de “identidad”; no tienen certificado de nacimiento o documentos de identidad, lo que dificulta la escolarización, la sanidad, las posibilidades laborales y el acceso incluso a los servicios más básicos. En Filipinas unos seis millones de niños sufren malnutrición, lo que afectará para siempre sus posibilidades de desarrollo físico e intelectual. También es muy elevado el porcentaje de desempleo, a lo que se suman otras situaciones especialmente sangrantes y violentas, que atentan contra la dignidad. ¿Quién no quiere sobrevivir? Pero los recursos son, a veces, tan escasos... Muchos niños no terminan la educación primaria y esa falta de formación oscurece el futuro. Cuando llegas aquí sólo ves a tu alrededor sonrisas, miles de sonrisas alimentadas por la fe, por el deseo de superación, por la valentía de todos, desde los más pequeños; lo que hay detrás de las sonrisas, lo vas descubriendo poco a poco…

¿Cómo valoras la relación que se va dando en un trabajo conjunto de hermanos y hermanas SSCC?

Durante los 14 años en el colegio de Barcelona no tuve la experiencia de trabajar directamente, codo a codo, a diario, con las hermanas, pues ellas no tienen ya presencia en la ciudad condal. En este sentido, mi experiencia en Bagong Silang, es realmente novedosa. Nos reunimos semanalmente, rezamos juntos a diario, la semana que viene nos vamos unos días juntos de retiro para realizar nuestro proyecto comunitario... La relación es fraterna, la vida es compartida y colaboramos estrechamente en los distintos proyectos. Naturalmente existen desafíos, porque la fraternidad no es algo que surja de la nada y se mantenga espontáneamente, sino un don venido de Dios, que hay que cuidar y con el que hay que comprometerse personal y comunitariamente. Personalmente vivo esta relación con gratitud profunda, tratando de recordarme a mí mismo a diario que la vida comunitaria y la comunión entre hermanos y hermanas es nuestro primer testimonio y el primer capítulo de nuestra misión. El individualismo es el primero enemigo de la vida religiosa, y también yo trato de enfrentarlo.

Finalmente, Edu, ¿cómo valoras el hecho de que los religiosos salgamos de nuestra comunidad de origen para asumir la misión de la congregación en otros sitios? ¿Qué podrías recomendar al respecto?

Yo creo que es difícil, seguramente imposible, conocer de verdad lo que es la internacionalidad y aún hablar de ella sin haberla experimentado. Pienso que en algún sentido te cambia la vida, y seguro que cambia tu experiencia de la congregación y transforma tu vivencia de la misión común. Es un elemento de la vocación SSCC que necesitamos explorar. Quizás uno de los mejores instrumentos de los que disponemos para nuestra formación permanente. Personalmente siento enriquecerse mi vocación religiosa SSCC. Me parece que debemos seguir haciendo esfuerzos por flexibilizar nuestras estructuras, de manera que estas experiencias sean más accesibles a los hermanos, y que en la formación inicial debemos seguir despertando la disponibilidad internacional propia de una congregación sin fronteras, con experiencias personales de intercambio cultural y la formación adecuada.

  
 
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